Moraga nace de la memoria y del deseo de mirar atrás, hacia aquellos días en los que la vida rural giraba en torno a la matanza del cerdo. Más que una tradición, era un encuentro: un ritual compartido de trabajo, miedo y celebración, donde se mezclaban el olor a piel quemada, las risas familiares y la certeza de aprovecharlo todo. Este proyecto es una evocación de esos tiempos y gestos que marcaron una forma de vivir y de entender la unión, cuando cada faena era una fiesta y cada recuerdo, una forma de pertenencia.